Amor y Matrimonio

El Amor es una necesidad natural. No existe el hombre o la mujer que hayan alcanzado su desarrollo completo sin haber amado.

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La Indiferencia y el Amor

La indiferencia es un estado de ánimo en el cual no se siente ni estímulo ni fastidio por algo determinado.

En el Amor, muy por el contrario, el afecto se ve estimulado por un impulso que lo invita a buscar al ser que le agrada.

En las relaciones entre hombre y mujer, la indiferencia es producida por la carencia de inclinación hacia determinada persona y el amor es un deseo agudo de posesión de la felicidad que creemos nos aportará el ser amado.

Para que exista el Amor debe existir afinidad espiritual y física.

Desde al Amor al Matrimonio

Una vez que se ha despertado el amor, ya sea por afinidades espirituales o físicas o ambas a la vez, los dos seres tenderán a unir sus existencias con un objetivo en común.

El objetivo a nivel físico es asegurarse la descendencia por medio de los hijos.

El objetivo espiritual es evolucionar hacia la perfección.

Si ambos seres se complementan física y espiritualmente, cada día se acercarán más el uno al otro y con el tiempo se complementarán mejor y será mas fácil para cada uno lograr sus aspiraciones.

Del Matrimonio al Divorcio

Muchas veces los matrimonios no están conformados sobre estas dos afinidades, sino solo en una de ellas. Esto es lo que lleva al fracaso matrimonial. Cuando prima la afinidad sexual, una vez logrado el objetivo, la persona siente que tiene un extraño a su lado. Si el matrimonio se ha cimentado en la afinidad espiritual, el individuo se sentirá frustrado al no encontrar la satisfacción física que complemente su naturaleza,

En cualquiera de estos casos, el matrimonio tiende al divorcio.

El divorcio puede ser físico o espiritual. El matrimonio que no se complementa física o espiritualmente tiende a buscar en otro lugar lo que no encuentra en su hogar.

Y, aunque no se hayan divorciado legalmente, lo están en la realidad y solo pueden aportar dolor el uno al otro.

Una persona que sufre se siente paralizada por la pena y le resultará imposible llevar a cabo tareas eficazmente.

Matrimonios por Conveniencia

Hay matrimonios que se han consumado por otras razones distintas a las mencionadas. Un ejemplo son los matrimonios por conveniencia.

La persona que se casa por conveniencia, no tardará en reconocer su error y anhelará volver a su estado anterior, porque padecerá las consecuencias de haberse engañado a sí mismo.

Cuando existe un matrimonio por conveniencia, ambos contrayentes tienen la culpa. Uno, porque sus motivaciones están fundadas en la avaricia y el otro en su deseo carnal.

Como en cualquier transacción comercial, la culpa alcanza al que compra como al que se vende.

El Engaño en el Matrimonio

El esposo o la esposa que engaña a su cónyuge no puede soportar la mirada fija del ser que engaña. Generalmente, cuando el engañado mira a los ojos del engañador, este retira la vista y arruga muy ligeramente el entrecejo.

Para saber si nos engañan lo mejor que hacemos es aparentar indiferencia y recurrir a la siguiente prueba:

Reconcentremos nuestro pensamiento en lo que queremos saber; aprovechemos un momento oportuno en que esté descuidado nuestro consorte; acerquémonos a él y mirémosle fijamente a los ojos al mismo tiempo que le hacemos cualquier pregunta insignificante.

Al clavar nuestra mirada en la suya, hagamos un supremo esfuerzo en nuestra mente y transmitámosle la pregunta mental de su infidelidad. Si sostiene nuestra mirada con reposo y sus facciones no sufren un ligero cambio, se puede dar por seguro que estamos equivocados.

Por el contrario, si cierra los ojos o desvía la mirada y en sus facciones se nota una contracción, la infidelidad es muy probable. Desde luego, si la persona que nos engaña tiene la más mínima sospecha de lo que estamos haciendo, nuestros esfuerzos serán inútiles.

En este caso, aparentemos calma y esperemos una ocasión propicia.

Esta ocasión llega, pues el que comete una falta no está siempre prevenido para ocultarla.

Medio para averiguar si nos dicen la verdad

El hombre o la mujer pueden aparentar la más completa sinceridad en el tono de voz, en la impasibilidad de la expresión de sus caras y en la fijeza de la mirada; pero les resulta completamente imposible evitar un ligero fruncimiento de la boca cuando mienten.

Si queremos saber si una persona nos dice la verdad, mirémosle la boca cuando va a pronunciar la palabra. El tono de la voz podría ser muy sereno, pero si dice mentiras, la boca lo delatará con alguna mueca desagradable.

Esta mueca puede ser pronunciada o muy fugaz; podrá arrugar el labio superior o solamente torcer un poco el labio inferior, pero es seguro, positivo, que, por mucho cuidado que ponga al hablar, su boca delatará su mentira.

Si queremos saber si nos dicen la verdad, miremos la boca de nuestro interlocutor. Es el mejor medio de saber si es sincero.

Felicidad en el Matrimonio

La belleza física, la admiración, el dinero, etc., pueden ser elementos reconquista y medios que faciliten el goce del bien que se posea. Pero la verdadera dicha radica en el calor íntimo que se proporcionen los cuerpos y en la comunión comprensiva de los espíritus.

Una vez que un hombre y una mujer confunden sus seres en un espasmo de intimidad es este calor corporal y esta comunión espiritual los dos únicos elementos de felicidad. Todo lo demás desaparece El cultivo de estos elementos es, por lo tanto, la base de la felicidad en el matrimonio. La pauta a seguir en las relaciones maritales se encierra en estas dos reglas precisas:

¡Hombre, no fatigues a tu esposa ni te prodigues tú!

¡Mujer, no te prodigues tú ni fatigues a tu esposo.!

Para retener a quien amamos

Nadie ama la totalidad de un apersona. Todos y cada uno de nosotros amamos ciertas cualidades en el Ser amado. Cualidades que suponen un gozo para nosotros.

Lo primero que tenemos que hacer para retener a quien amamos es averiguar la causa que lo impulsó a querernos.

Una vez conocido esto se hace necesario que cultivemos en nosotros la cualidad presumida por nuestro cónyuge que le dediquemos la mayor cantidad de tiempo posible de lo que nosotros se esperaba. En caso de que esto no fuera posible nos queda el recurso de estimular un nuevo interés y encauzar los deseos de la persona hacia otras posibilidades que podamos ofrecerle.

Tanto el hombre como la mujer tienen dentro de si el germen de todos los deseos, de todos los gustos y de todas las cualidades que existen en el conjunto de la humanidad. Por medio del cultivo puede desarrollarse cada una de ellas.

Si por cualquier anormalidad no podemos dar al ser amado aquello que esperaba de nosotros, podemos, en cambio, desarrollar su gusto por placeres diferentes y cambiar su manera de pensar.

Esto, desde luego, requiere tiempo, serenidad, un gran tacto y un verdadero cariño. La oposición o la imposición, exasperan los ánimos.

Guárdese el hombre o la mujer que desea retener a quien ama de imponer lo que sea contrario a sus deseos. Pero en cambio, puede lograr cuanto quiera por medio del convencimiento, inteligentemente cultivado por la formación de un plano mental adecuado.

Manera de hacerse atractivo al sexo opuesto

Para hacernos atractivos al sexo opuesto lo primero que tenemos que hacer es no participar de ninguna de sus cualidades.

Nada más repugnante para una mujer como un hombre con características femeninas; nada más desagradable para un hombre como una mujer amasculinada.

Una mujer podrá perdonar en el ombre todoslos defectos a condición de que no participe de los suyos; el hombre también perdona todo a la mujer, menos su falta de femineidad.

El mejor medio, pues,para ser atractivos al sexo contrario es tener todos los atributos de nuestro sexo y ninguno del sexo opuesto.

Además de esto debemos tener en cuenta que a las mujeres les agrada que se las galantee y a los hombres les encanta que se les dé una oportunidad para mostrarse galantes.

El Despertar de la Pasión

El despertar del deseo es siempre consecuencia de una asociación de ideas: Ideas de gozo.

El despertar es progresivo. Cuando se hace intenso adquiere el predominio de todo nuestro ser y se llama pasión.

No hay potencia en nosotros que domine a la potencia sexual cuando está en plena actividad. Una vez iniciada la corriente, adquiere cada instante mayor predominio, hasta que ese predominio se hace absoluto.

Por eso obran con poca cordura las personas que permiten el despertar de la energía sexual con la idea de detenerse donde quieran.

Una vez despertada la pasión, nadie sabe el límite que alcanzará.